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El secreto de la felicidad


Llegamos a M'Hamid en pleno agosto con la idea de colaborar en la construcción de un campamento bereber. Al final nuestras únicas tareas consistían en sacar agua del pozo por la mañana (que se utilizaba para los "baños", la cocina, y para regar una pequeñas y moribundas palmeras), y hacer un par de ladrillos de adobe cuando bajaba el sol. El resto de horas lo pasábamos bajo una haima intentando no morir de calor, riendo, bebiendo te y descubriendo la forma de vida del pueblo bereber. Mi obsesiva pregunta siempre era "¿pero aquí que hacéis durante el día?". Su tranquila respuesta siempre era: "nada, esto". Muchas de las claves de la felicidad estaban en ese campamento y una de ellas es aprender a disfrutar "dolce fare niente". .

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