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Anhelo la vida en viaje


Hace ya días que vengo sintiendo que necesito adrenalina. Lo siento adentro, en las entrañas, que claman por droga dura. Echo de menos el desafío de lo no planeado, de caminar por la cuerda floja, de conseguir pequeñas metas, de hacer cosas que nunca se han hecho antes, de acostarte siempre con una aventura nueva, de enriquecerte de personas, de enfrentarte de cara a tus miedos...


Quiero idiomas desconocidos, lugares auténticos que me embelesen, situaciones surrealistas, ostias culturales, dosis de realidad de las que te parten en mil pedazos y que te obligan a recomponerte, porque en el viaje no se para, en el viaje se asimila y se tira pa’lante. Quiero puertas desconocidas abiertas, invitaciones a té, coches recogiéndome en la carretera… Quiero descojonarme sola antes de irme a dormir porque no puedo creerme lo que me ha pasado ese día, dónde he acabado o la locura que he hecho.


Quiero desconocerme, reconocerme, deslumbrarme a mi misma con cosas que ni yo misma sabía que tenía en el interior. Quiero esa mejor versión de mi misma que aflora cuando camino por el filo, cuando me tiro sin saber lo que hay debajo, cuando confío en la vida y acepto lo que viene sin perder la sonrisa. Quiero esa versión todos los días de mi vida, pero esa alquimia aún no la he conseguido, sino más que cuando la vida es viaje.

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